domingo, 11 de mayo de 2008

MATERNIDAD

Por Shirley Reynoso
Cuántas veces no hemos oído decir que los niños deberían venir con un manual debajo del brazo? Sin embargo, no es así, aunque me imagino que debe haber algún “código maternal” escondido en un recóndito rincón de nuestro cerebro que nos ayuda a conectar y descifrar lo que es mejor para esa nueva vida de la cual somos ahora responsables.

La maternidad es un trabajo de por vida y a tiempo completo. Desde el momento de la concepción las mujeres somos responsables del bienestar y cuidado de una vida que depende en su totalidad de nosotras y aunque con el paso del tiempo la magnitud de dicha responsabilidad debe ir disminuyendo, las madres no lo sentimos así, aún cuando nuestros hijos han crecido y llega el momento en que abandonan el nido para descubrir nuevos mundos y encontrar su camino en la vida, estamos siempre pendientes de cómo se van desarrollando las cosas y seguimos tratando de hacer todo lo posible para que todo les sea más fácil, para que todo le vaya bien, a veces incluso quisiéramos que aprendieran de nuestros errores, sin recordar aquello de que “nadie aprende en cabeza ajena”.

Todo lo demás que se pueda decir aquí sobre una madre sale sobrando, el amor, dedicación, abnegación y entrega que todos conocemos a través de nuestras madres no necesitan ser repetidas, lo que sí hay que recalcar es que no basta un último domingo de mayo para rendir homenaje al ser que nos ha regalado no solo nuestra vida sino la suya propia, olvidándose de ser “mujer” para ser madre, desvelándose para que podamos dormir, ayunando para que podamos comer.

No, definitivamente no basta un último domingo de mayo para agradecerle todo lo que le debemos, para compensarle, aunque sea un poquito todo lo que nos ha dado. No te dejes arrastrar por el vaivén cotidiano, no te dejes llevar del acelerado ritmo en el que vivimos hoy día y olvides que hay un ser del que dependiste por mucho tiempo para sobrevivir, y probablemente hoy, un día cualquiera de un mes en un año cualquiera, la felicidad, la esperanza y el incentivo que le hace falta a ese hermoso y virtuoso ser, quizás en el ocaso de su vida, podría depender de ti, de saber que aún la aprecias, que la recuerdas y que valoras todo lo que ha dado para que hoy seas lo que eres.